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24/10/2017
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Senderismo

CAMINO DE LOS HUERTOS - ROSAL - RIVERA DEL CHANZA

Vegetación en el lecho del río Chanza

SENDERO PR-65
( 14 kilómetros, 4 horas, ida y vuelta )

 

Recomendaciones:


Es recomendable hacerlo en verano por varias razones: la mayoría de las especies son estivales o sedentarias, se pueden cruzar los barrancos que desembocan en la orilla derecha, por donde discurre la senda, pues en esta época no llevan agua, o incluso vadear el río buscando una buena sombra desde donde, en silencio, poder mirar con prismáticos el quehacer diario de las aves. Ésta es simplemente una recomendación, porque otoño y primavera son estaciones propicias también para recorrerlo, generalmente sin riesgos de crecidas que puedan afectar al sendero que discurre sobre el talud del cauce, junto a las alambradas de las fincas colindantes.

 

Descripción:


Comienza en Rosal de la Frontera, justo al final de la Plaza de Andalucía donde se encuentra señalizado con una flecha el sendero de corto recorrido denominado Camino de los Huertos. Las marcas blancas y amarillas guían a lo largo de un buen trecho hasta llegar a la rivera. Hasta ésta, el recorrido se realiza entre elevadas paredes de piedra y tapial, que delimitan los huertos donde, amén de las hortalizas, se cultivan higueras, naranjos, perales, nogales, manzanos, y granados que en muchas ocasiones asoman al camino mostrando sus frutos, las granadas, que, rasgadas, exhiben sus dulces y brillantes granos en invierno. 

Una acequia en el margen del camino que procede del rico manantial de la Toba recorre parte del sendero al comienzo y que a veces se encuentra parcialmente cubierta de frondosa vegetación: té bravo, mastranzo, poleo, etc.

A poco de comenzar, encontramos una casa cuyo zócalo está pintado de añil, de clara influencia portuguesa, y al descender, a nuestra izquierda podemos ver, al otro lado del barranco, los restos de un antiguo molino harinero y, aguas abajo, donde confluye el barranco que traemos con el de la Buharda, un pequeño acueducto. Se llega a un cruce y tomamos el de la derecha.

A poco de andar se encuentra el barranco de la Buharda, que se badea por una pequeña presa.

Ahora ya el camino gana anchura y sus paredes de piedra o tapial dejan ver las dehesas de encinas y alcornocales en las que pasta ganado vacuno o se crían cerdos ibéricos. Llegados a este lugar y por la derecha, nos encontramos un tapial que separa una finca donde se crian reses bravas, con algunos puntos un poco descuidados, por lo que es conveniente mantener los ojos un poco alertas. Además de este ganado doméstico y bravo, se pueden observar buitres y rapaces como águilas culebreras y ratoneros, y, entre las copas de las encinas anuncian bulliciosamente su presencia arrendajos, rabilargos y abubillas.Ya muy cerca del Chanza, el camino ha sufrido duramente la arremetida de las aguas de arroyada durante muchas temporadas de lluvia, lo que se pone de manifiesto por el estado y por las adelfas que adornan el camino.

A partir de aquí se abandonan las marcas blancas y amarillas que continúan por la izquierda para descender, junto al río, por una pequeña senda que sale a nuestra derecha. Se halla el amplio y pedregoso lecho de inundación por el que circula discretamente el agua durante el verano. Nos encontramos adelfas, tamujos y tarajes. Casi no quedan restos de árboles de ribera salvo algún fresno aislado que surge a medio camino en dirección a la frontera, junto a una pequeña alameda de eucaliptos.

El amplio lecho deja en algunos tramos charcas donde los insectos, entre los que abundan las libélulas, realizan la puesta y crían sus larvas. Donde las aguas se remansan, la abundancia de lentejas de agua esconden a los pequeños invertebrados necesarios junto con las algas y musgos en la alimentación del resto de los organismos acuáticos. Enraizadas al fondo, se mecen con la corriente ranúnculos y minófilos. Abundan sobremanera las ranas y los galápagos y, entre los peces, barbos, cacho, jarabugos e, incluso, alguna anguila. 

Entretenidos con la abundancia de vida en un paraje que a simple vida parece adormecido, llegamos (tras saltar sin dificultad cuatro barrancos de los que sólo uno tiene entidad como para aparecer en la cartografía, el de Aguas Peces, y una alambrada que ilegalmente cruza el cauce), a la frontera, punto final del recorrido.

Ya en Portugal, el río cambia de dirección y, en este punto, vamos a dar con un antiguo molino que, a diferencia de los de la sierra de Huelva, que son de ruedas horizontales o de rodezno, es de rueda vertical y se encuentra en el lecho del río.

En los ensanches del cauce cuando la vegetación se abre, aparecen jabardillos de zancudas (garzas reales, garcillas bueyeras y cigüeñas ) prestas a la huida cuando nos acercamos a la senda. Podemos observar al martín pescador, a los andarríos, los corretones chorlitejos y las activas lavanderas que recorren las orillas de grava y arena en busca de insectos, larvas, moluscos y crustáceos.

 

 

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